Impresiona ver como las manos cogen la pieza al rojo,, recien sacada del fuego, para llevarla al yunque y modelarla a golpe de martillo.













Sueño.
Todavía hay lugares y momentos en los que el tiempo parece haberse detenido. Esta mujer, sentada en el umbral de su casa, a la sombra, con unos treintaytantos pegajosos grados en la calle, observa la calle tomando un refresco. Al otro lado de la carretera escuelas de surf, turistas, A su lado un par de txiringuitos. Ella, impasible, observa.

La costa sureste de Lanzarote es abrupta, rocosa,... Donde la lava ha llegado hasta el mar no hay playas, sino roca pura y dura y las olas golpeándola día y noche. La zona de El Golf es buen ejemplo de ello. El pueblos se ha convertido en una sucesión de restaurantes con vistas a la costa. En la parte de atrás siempre hay alguien agachado junto al agua, rodeado de impacientes gaviotas, que van ocupando su lugar en función de su jerarquía: Las más fuertes están más cerca del hombre, las más débiles revolotean esperando su oportunidad. Lo que hace esa persona es limpiar pescado, que luego se servirá en el restaurante, así que todos los despojos que deje son comida fácil para estas aves oportunistas. 
Estas tres señoras estaban haciendo fotos a sus compañeros de viaje y, cada vez que hacían una, se la enseñaban entre ellas. Era un nutrido grupo de ancianos ingleses y la verdad es que varios de ellos no podían apenas andar. Pero ahí estaban, como sus compañeros, como yo, como todos, visitando Timanfaya. Me pregunté quienes eran, cual era su historia: quizas alguno de ellos era un muy famoso ingeniero, o había escrito un libro,o yo que se qué. y me dije que ya daba igual lo que hubiera sido, porque ahora era uno más en un autobús de turistas ingleses. y entoces pensé porque nos volvemos locos intentando prosperar y sobresalir entre los demás, si al final vamos a ir todos de la mano en los últimos años, si vamos a ser el asiento 23 de un viaje a Benidorm. pero no es así ¿verdad?, ójala fuera tan fácil como dejarse llevar, ójala se pudiera parar esta mente traicionera y vivir siempre en paz, ójala bastara con encender la tele para que las ideas y los pensamientos dejaran de fluir y no tener esta continua sensación de que faltan las herramientas, las palabras para decir y expresar lo que sientes, esa continua necesidad de crear, de evolucionar, ójala pudiera dejar la cámara y ver el mundo sin ese continuo bombardeo de imaganes que asolan mi mente continuamente.